Rafael Marín

Rafael Marín

“Esto de escribir es como unir una serie de hilos que están ahí, pero que tú no eres consciente de por qué los están uniendo”

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Rafael Marín (Cádiz, febrero de 1959) no imaginaba, de niño, cuando devoraba tebeos y ensoñaba héroes supra terrestres, que una de sus obras, Lágrimas de luz, iba a ser considerada como la mejor novela de Ciencia Ficción española. Tampoco iría a imaginar que serían sus manos las que tradujeran esas mismas obras que tanto admiraba. ¿Quién iba a decirle a Marín que iba a ser premiado por sus obras?

Rafael es además, profesor desde hace años, bajo sus alas ha formado a miles de chavales, a los que recuerda con tremenda emoción.

La energía y amena locuacidad de este escritor gaditano pugnan con una amabilidad y certeza de pensamiento que cautiva a quien se tercie.

 

Eres profesor de inglés en el colegio San Felipe Neri, prolijo escritor, traductor,….¿Cómo se lleva compaginar ambas profesiones?

Robándole el tiempo a mi mujer y teniendo muy claro la distinción de tiempo. Por la mañana en clase, las tardes que puedo traduzco y en vacaciones es cuando escribo. Es como si viviera 3 vidas a la vez y yo creo que no me canso precisamente por eso porque cada actividad se parece tan poco a las otras que desconectas. Yo nunca tengo vacaciones, pero en el fondo siempre estoy descansando de una cosa trabajando en la otra.

En la última feria del libro, presentaste dos libros: El niño de Samarcanda y La ciudad enmascarada. ¿Cuál es el balance?

Tú sabes que esto de vender libros es como tirar una botella al mar si llega o si no llega es una cuestión que uno no tiene ya que ver. Yo me lo pasé muy bien escribiendo el Niño.. y me resultó muy curioso que dos libros que se desarrollan en Cádiz y que nada tienen  que ver, son absolutamente antitéticos,  uno es un libro de terror y el otro es una biografía ficticia de un amigo verdadero, salieran a la vez y el mismo día. Me parece una circunstancia cuanto menos curiosa.

La ciudad enmascarada tiene una ambientación muy gaditana…

Es un carnaval real, llevo muchos años pensando esa novela y siempre dije, tengo que buscar un año concreto para hacerla que lo que esté pasando en la semana, sea lo que pasa en la novela. Y es el carnaval de hará dos tres años cuando hubo aquella huelga de policía y sé cayó una casa un poco antes, también hubo un apagón, yo conté el apagón antes de que sucediera, en la novela.

Vaticinando las cosas….

Cuando uno vaticina da mucho miedo. Me ha pasado varias veces. Por contarte una curiosa, en mi primera novela, el protagonista recibe un disparo y la esquirla le araña la cara y le hace una cicatriz desde la nariz hasta debajo del ojo, algo muy novelesco. Dos años después, tengo un accidente de coche y el cristal de las gafas me cortó la cara en el mismo lugar que describo en la novela, dos años antes.

¿Crees en este tipo de cosas?

Pues la verdad es que no, pero son cosas muy divertidas.

¿Crees en la causalidad?

Y en la casualidad, más bien. En el fondo, esto de escribir es unir una serie de hilos que están ahí, que tú no eres consciente de por qué los están uniendo, y que da una cosa encajada, y a veces es simplemente casualidad.

En El niño de Samarcanda, el protagonista es un conocido periodista y escritor, Juan José Téllez…¿Cómo es llevar a la ficción este personaje tan real?

Es la típica cosa que se te ocurre un día, Téllez voy a escribir tu vida, nos reímos los dos. Y una tarde en casa escribí el primer capítulo. Y cuando tienes el primer capítulo, ya tienes la música del libro. A mí lo que más me cuesta es encontrar el ritmo, la música. Y una vez encontrada, hablé con él, con amigos, antiguas novias, suyas, anécdotas…su vida es muy novelesca…lo que a mi me interesaba es la forja de un héroe, un niño que vive en Algeciras, en una situación de despegue económico, lo que son los años 60, que tiene que emigrar a Cádiz, que tiene que ser muy duro emigrar a otro lugar y cómo se fue forjando el Juan José que todos conocemos, capitán de poetas y periodistas, y cómo cuando tiene 18 años, muere el padre, y tiene que volver a Algeciras, justo cuando ya tenía su huequito aquí. Me gustaba esa especie de doble exilio. Hay muchas cosas inventadas, pero hay muchas cosas reales, mucho de ensoñación, algo de mi biografía. Sobre todo es reflejar una época, los finales de los  años 60 y hasta el 78…

¿En qué estás en estos momentos?

Acabo de escribir la tercera novela. Estoy en periodo de reposo, y ya estoy pensando en la que vaya a escribir a continuación. Es la tercera novela de las Aventuras de Torre, que es un boxeador  gaditano  amnésico, metido a detective improvisado. Es una historia muy bonita porque cuenta el origen del personaje. En la primera, hemos tenido la reconstrucción de un amigo muerto, en la segunda, que saldrá para abril, una investigación en Navidad, con un asesinato, un “psicokiller”, que, curiosamente,  es el rey mago de una cabalgata y en ésta, lo que hago es contar un caso, el asesinato de una chica china, que vende rosas, pero, en capítulos alternos cuento el pasado del personaje y es la parte que más me gusta, porque es contar el Cádiz de los años 60. Esa parte de la novela comienza en septiembre del 69 y termina el 19 de marzo de 71. Y voy contando ese Cádiz de mi infancia, el Cádiz de las veladas de boxeo del Maravillas, del trolebús, del principio del puente, la gente que se tiene que buscar la vida robando metal en la estación o luego metiéndose en el mundo del boxeo haciendo una tournée un poco cutre los por pueblos de la provincia.

Entre la construcción del primer puente y la del segundo…¿Cuántas cosas han cambiado en la ciudad?

Es una involución. Yo cada vez lo veo más negro, más triste, y nada tiene que ver con la crisis, yo creo que es por la propia idiosincrasia del gaditano, llevamos 200 años hundiéndonos  y parece que nos da lo mismo, no nos ponemos las pilas.

Nosotros pusimos todos los huevos en un cesto, que fue Astilleros, y desde que se hundió y fue la primera reconversión industrial de los años 60, no tenemos una industria alternativa. Nos asustamos mucho con el tema de Delphi , pero el gran palo de la economía gaditana no fue Delphi, fue Astilleros. Se ve, yo que paseo por el casco antiguo de la ciudad, me asusto ya que cada vez hay más locales cerrados, tradicionales, luego aparecen otros, pero no es lo mismo. Es una ciudad fantasma. Vas a Sevilla, y a las 3 de la tarde están abiertos los comercios, saben vender lo suyo y tienen ganas de trabajar. Duele mucho ver esto. Yo suelo decirlo mucho a los chicos, que la mayoría de ellos no va a vivir en Cádiz y ellos lo saben, lo tienen totalmente asumido. Algo como la Universidad de Cádiz, por lo que tanto se ha luchado, hoy la gente de los pueblos de Cádiz se va a estudiar a Sevilla, cometimos el error de llevar las facultades fuera de la ciudad, el ambiente universitario es lo que da vida a las ciudades. No hay nadie por las calles por Cádiz a las 9 de la noche. Es una ciudad muerta. Con el ambiente que otorga la vida universitaria.

Llevas muchos años enseñando inglés y ahora también  Literatura Universal. Muchas generaciones de alumnos han aprendido contigo, pero ¿y tú, qué has aprendido de ellos?

Continuamente aprendo cosas, de su afán por la vida, de su inocencia, de todo. Música, por ejemplo, ellos me ponen al día. Sus modas…he visto pasar desde la moda del break dance, hasta hoy día. Llevo casi 30 años dando clases. Se hacen algunos amigos míos, tengo nietos…que son los hijos de mis alumnos y da una pequeña sensación de vértigo. Pasa una vida, yo estoy allí clavado y parece que no pasa el tiempo, pero sí pasa y tú no te das cuenta pero las generaciones cambian, y en el fondo son todas iguales. Piensan que el mundo ha empezado con ellos, se creen a salvo de la enfermedad, la muerte y a veces es triste acompañarles en casos malos, pero es muy bonito hacerlo con cosas buenas.

(Me cuenta un par de anécdotas de alumnos suyos, con una emoción, que logra emocionarme a mí también. Se le saltan las lágrimas, siente un orgullo inmenso de sus alumnos, se le ha tocado la fibra sensible, y lo reconoce. Son sus alumnos, y los tiene como suyos y los vive como algo suyo. Es muy bonito).

Retomamos la conversación y le pregunto por el mundo del cómic.

A mí lo que me gusta es contar historias. A mí me han gustado los tebeos de toda la vida, y yo jamás iba a imaginar cuando leía los tebeos de Spiderman,  que yo los iba a escribir un día. Llega un cúmulo de circunstancias casuales, que te contratan para hacer los guines de  Los cuatro Fantásticos, en inglés. Quién le iba a decir al niño que yo era con 13 años que yo iba a hacer esos tebeos. Y luego me interesa mucho el lenguaje que utilizan, porque es muy especial, bonito, sintético. Aún no se ha alcanzado su pleno potencial pero luego hay historias, por ejemplo, la novela gráfica de Paco Roca Arruga que ahora está en película de dibujos animados, es una maravilla. Contado en cómic que no se puede contar en otro medio. El problema es que hoy los jóvenes no leen tebeos, no leen nada, por no hacer, no ven ni la tele, se conectan al Facebook o Tuenti y no hacen otra cosa.

Para un escritor de obras de ficción…¿Qué hay después de la muerte?

Me gustaría que hubiera lo que dicen que hay, el cielo, la gloria…yo en los momentos de desesperación creo que no hay nada, y en los momentos de más desesperación, creo que hay algo. Literariamente hablando, quiero que lo haya, porque a mí me interesan mucho las historias de ultratumba, de amorres que se encuentran después de la muerte. Pero la muerte es una silla vacía, tú llegas a una casa donde estaba la persona que querías y hay una silla vacía. Ojalá esas personas estén en otro lado. Pero ya te digo, que hay días que pienso que no hay nada, mi “yo” racional me dice que no lo hay y mi “yo” espiritual espera que haya algo. Vivimos en esa duda.

¿Qué esperas de la vida?

Ya uno tiene cierta edad en la que lo que quieres es vivir tranquilo, sin sobresaltos económicos, sin que el futuro sea negro para la gente que quiero, que no perdamos las conquistas sociales que hemos conseguido, que no tengamos que trabajar con 70 años…sigo queriendo escribir, contar mis historias, que siempre tengo alguna en cartera y escribirla.

¿Cuál es tu lector ideal?

Yo. Si escribes para un público en concreto, no escribes para nadie. Porque tú tienes que escribir para ti, para tu placer. Que encuentras ese lector que te comprende y participa en tus gustos, genial, pero cualquiera que lea tu libro y te diga que le gustó o que no le gustó…hay tan pocos lectores y tan poco pescador…

¿Qué nos puede enseñar un superhéroe?

Muchas cosas, sobre todo si es como los superhéroes de los años 60, 70, con un hándicap. Si eres el mejor mutante de la tierra o un telépata maravilloso y estás clavado en una silla de ruedas, si das saltos en el aire, pero eres ciego, o si tienes capacidad de destruir sólo con mirar, pero no puedes besar a tu chica, puesto que la destruyes. Es la idea de superación. El héroe es héroe porque se supera a sí mismo, eso es lo que nos puede enseñar.

 

Macarena Jiménez

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